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Vanuatu: RSE para la resiliencia climática comunitaria

Vanuatu, un archipiélago del Pacífico Sur compuesto por más de 80 islas, afronta simultáneamente la preservación de su biodiversidad y la mejora del bienestar socioeconómico de una población cercana a 300.000 habitantes, asentada en territorios donde predomina la propiedad consuetudinaria. El turismo representa una fuente esencial de ingresos y divisas para el país, razón por la cual la Responsabilidad Social Empresarial (RSE) se ha consolidado como un instrumento fundamental para articular el desarrollo local con la protección ambiental.

Contexto ambiental y social

  • Ecosistemas prioritarios: arrecifes de coral, manglares, selvas tropicales y humedales litorales que brindan soporte a la pesca, la defensa natural de la costa y diversos servicios culturales.
  • Vulnerabilidad climática: fenómenos intensos como los ciclones (por ejemplo, el ciclón Pam en 2015) evidencian la urgencia de aplicar enfoques comunitarios y resilientes.
  • Propiedad y gobernanza: gran parte del territorio y de los recursos se administra mediante sistemas tradicionales; cualquier propuesta debe dialogar con los líderes y custodios locales para asegurar su permanencia.

La RSE enfocada en el turismo comunitario: fundamentos y métodos

La RSE exitosa en Vanuatu comparte varios principios: respeto por la tenencia tradicional, participación comunitaria real, reparto transparente de beneficios y enfoque de conservación activa. Entre los mecanismos más utilizados figuran:

  • Acuerdos de beneficio compartido: contratos entre empresas turísticas y comunidades locales que fijan tarifas, reglas de acceso y destino de ingresos para salud, educación e infraestructuras.
  • Pagos por servicios ambientales: mecanismos mediante los cuales parte de los ingresos turísticos financian la protección de arrecifes, manglares o áreas forestales.
  • Programas de formación y empleo local: capacitación en guianza, idiomas, gestión hotelera y primeros auxilios para que el personal sea de la propia comunidad.
  • Inversión en infraestructuras verdes: sistemas de agua segura, saneamiento ecológico, gestión de residuos y ahorro de energía que reducen la huella del turismo.
  • Evaluación de impacto y monitoreo: indicadores sociales y ambientales para medir resultados y adaptar prácticas según evidencias.

Ejemplos y casos representativos

  • Turismo en las cercanías del volcán activo de Tanna: en la isla de Tanna, las visitas al volcán han sido organizadas mediante acuerdos entre operadores y propietarios de tierras. Los ingresos se destinan a proyectos comunitarios —escuelas, salud y caminos— y las rutas se gestionan para minimizar la erosión y el riesgo para visitantes.
  • Turismo cultural en las islas del norte: comunidades que ofrecen experiencias culturales (artesanías, danzas, festividades) han formalizado tarifas y calendarios para evitar saturación, asegurando que los grupos familiares que participan reciban una compensación directa.
  • Proyectos de restauración de manglares y arrecifes: iniciativas cofinanciadas por operadores turísticos y comunidades han restaurado manglares degradados, mejorando la pesca local y la protección costera; en estos casos, los turistas participan en jornadas de plantación, lo que genera conciencia y recursos.
  • Respuestas posteriores a desastres: tras el ciclón Pam, alianzas entre empresas turísticas, comunidades y organizaciones de cooperación implementaron reconstrucción con criterios ambientales (viviendas elevadas, plantas nativas), integrando resultados de RSE con resiliencia comunitaria.

Beneficios e impactos cuantificables

  • Ingresos locales: las comunidades que administran iniciativas turísticas obtienen cobros por ingreso, porcentajes por transacciones y remuneraciones directas, lo que disminuye su dependencia de actividades extractivas poco sostenibles.
  • Conservación efectiva: el financiamiento comunitario destinado a áreas protegidas y sectores libres de explotación ha evidenciado la recuperación de especies marinas y una mayor presencia de coral en espacios manejados por la población local.
  • Fortalecimiento cultural: al otorgar un valor económico a expresiones culturales y saberes ancestrales, se promueve su continuidad y aprendizaje entre generaciones más jóvenes.
  • Resiliencia frente al clima: las inversiones en ecosistemas costeros y en viviendas adecuadas reducen la exposición al riesgo y los gastos asociados a la reconstrucción.

Retos y lecciones aprendidas

  • Equidad en la distribución: garantizar que mujeres, jóvenes y grupos marginados reciban una parte justa de los beneficios sigue siendo un desafío.
  • Capacidades locales: la gestión transparente de fondos, planificación empresarial y monitoreo requieren formación sostenida y apoyo técnico.
  • Presiones del mercado: el crecimiento rápido del turismo puede provocar sobreuso de recursos y pérdida cultural si no existe ordenamiento territorial y límites claros.
  • Sostenibilidad financiera: la dependencia de donaciones o de temporadas turísticas obliga a diversificar fuentes de financiamiento para proyectos de conservación.

Sugerencias para impulsar la RSE en el ámbito del turismo comunitario

  • Formalizar acuerdos a largo plazo: contratos claros entre empresas y comunidades con mecanismos de resolución de conflictos y auditoría externa.
  • Invertir en capacidades: programas de formación en gestión empresarial, contabilidad comunitaria y conservación basada en evidencia.
  • Incluir indicadores socioambientales: medir no solo ingresos, sino salud de ecosistemas, bienestar social y equidad de género.
  • Promover alianzas multilaterales: cooperación entre empresas, comunidades, autoridades locales y organizaciones de apoyo para movilizar recursos y asistencia técnica.
  • Adoptar criterios ecológicos en la oferta turística: limitar aforos, priorizar alojamientos de baja huella, fomentar transporte sostenible y promover experiencias de bajo impacto.

La experiencia de Vanuatu muestra que la RSE diseñada con respeto a las formas de vida y propiedad local puede transformar el turismo en una palanca de conservación y desarrollo. El desafío consiste en sostener acuerdos justos, medir impactos con rigor y articular inversiones que fortalezcan la autonomía comunitaria frente a presiones externas, reconociendo que la protección de ecosistemas no es solo un objetivo ambiental sino la base de un turismo digno y duradero.

Por Hugo Carrasco

Especialista en Cultura y ocio